Raros, torpes y hermosos.

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Raúl Jiménez. Una casa que se mueve hacia la izquierda; un artista que se declara inmortal; un pueblo cuyos habitantes se dedican en exclusiva al negocio del taxi; una señora que se infiltra en el grupo de WhatsApp de una despedida de soltero… Raros, torpes y hermosos es una antología de 44 relatos extraordinariamente irreverentes, surrealistas, desternillantes y originales. 44 relatos para saborear despacio y dejarlos reposar después de su lectura. En definitiva, un manejo de la brevedad que estoy segura de que situará a este joven autor en un lugar nada despreciable de nuestra Literatura más reciente. Para no perdérselo.

Lo que sospechábamos se ha confirmado, la casa se mueve hacia la izquierda. Desde la última vez que medimos, ha avanzado nueve centímetros. Calculo que, a este paso, pronto estará junto al chopo. Me pregunto si parará entonces, o tumbará el tronco y seguirá hasta internarse en el bosque. Mamá dice que huye. Papá asegura que es al revés. La casa está persiguiendo algo. De momento no se nota, pero el año que viene tendremos que andar medio kilómetro más para llegar al colegio. Supongo que quiere ayudarme.

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El cuento de la criada

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el cuento

Margaret Atwood. Defred es una joven prisionera en la Repuública de Gilead. El mundo que conocía ha cambiado radicalmente y vive en una distopía en la que las libertades han sido suprimidas junto a los derechos de las mujeres. De hecho, Defred es considerada un mero cuerpo destinado a la procreación. Su testimonio dará a conocer al lector una sociedad corrompida por el puritanismo y vivirá junto a ella un inquietante viaje cuyas consecuencias no son nada alentadoras, pues rebelarse puede suponer la muerte en ejecución pública o el destierro a las Colonias contaminadas por los residuos tóxicos. Un relato asfixiante, oscuro, terrorífico del que no logras alejarte ni siquiera después de haberlo leído. De obligada lectura.

 

Me siento en la silla y pienso en esta palabra: <<silla>>. También significa un modo de ejecución, la silla eléctrica. En inglés, se dice chair, y chair en francés significa <<carne>>. Ninguna de estas cosas tiene relación con el resto. Esta es la clase de letanías a las que recurro para calmarme.

Clavícula

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Marta Sanz. La autora narra en primera persona su experiencia del dolor, un dolor nuevo que nadie reconoce y al que nadie parece encontrarle una causa o darle un nombre. El malestar, el miedo, lo real y lo que no parece real se abren paso en una vida que sufre por algo que quizás no esté pasando. Un relato sobre la enfermedad y el dolor, sobre la mujer y la necesidad de quejarse y ser escuchada. Un grito sordo sobre lo que somos y en lo que podemos convertirnos. Interesante apuesta que no deja indiferente.

 

La estancia

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Pedro Brotini. La novela toma como punto de partida el encuentro, el verano de 1816 en Ginebra, de un grupo de escritores entre los que destaca Lord Byron. Una enorme tormenta los obliga a permanecer encerrados en Villa Diodati y allí vivirán la literatura de un modo singular. De aquel encuentro nacerán obras como El Vampiro, de John Polidori (antecedente de Drácula) o Frankenstein, de Mary Shelley. Dos siglos después dos mujeres que pertenecen a mundos muy distintos unirán sus vidas para averiguar si La Estancia, una obra de terror adjudicada a Polidori, existió realmente o solo es producto del deseo de algunos por concederle a su autor un lugar digno en la historia de la Literatura. Una historia interesante y bien construida que atrapa al lector desde el principio.

 

El murmullo de las abejas

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el murmullo de las abejas

Sofía Segovia. Una preciosa historia que algunos no dudan ya en augurarle un lugar destacado dentro de la literatura mexicana contemporánea. Y no es para menos. Exquisitamente narrada, esta obra cuenta la historia de la familia de terratenientes Morales Cortés durante todo el siglo XX. Con la Revolución mexicana como telón de fondo, esta obra arranca con la llegada de un recién nacido a las vidas de los Morales. Simonopio, que es el nombre de este singular personaje, no llega solo: las abejas lo acompañarán durante toda su vida convirtiéndolo en un ser excepcional que además no puede hablar pero que es capaz de oír y ver lo que otros no pueden. Cubierto siempre por una manto de abejas, Simonopio se hará un hueco en la casa de los Morales Cortés y su presencia cambiará incluso el destino de sus integrantes.

Bella historia de amor a la tierra, a la familia y a la vida y narrada con una prosa exquisitamente cuidada. De obligada lectura.

Con el paso de los años resultó claro que, pese a haber sobrevivido y conquistado la alimentación, Simonopio nunca dominaría la comunicación. Las consonantes de la punta de la lengua, que son la mayoría, se le escapaban en la caverna que era su boca. […] Le habría gustado hablar sobre sus abejas y preguntarle a cualquiera por qué tú no las escuchas si también te hablan, como a mí. De haber podido, habría hablado sobre la música que las abejas cantaban a su oído dispuesto sobre flores en la montaña, encuentros lejanos y amigas que no habían completado el largo viaje de regreso; sobre el sol que un día brillaba fuerte, pero que al siguiente quedaría cubierto por nubes de tormenta. Entonces le habría gustado preguntar, Lupita, ¿por qué tiendes la ropa que lavaste si al rato, cuando llueva, tendrás que correr a quitarla? ¿Por qué riegan, si mañana llueve? […] ¿Por qué cierran oídos, nariz y ojos cuando hay tanto que oír, oler y ver? ¿Es que solo yo oigo y escucho pero nadie más lo hace?

La analfabeta que era un genio de los números

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la analfabeta

Jonas Jonasson. Nombeko Mayeki es la protagonista de esta surrealista historia que arranca en el barrio de Soweto, en Johannesburgo, donde trabaja limpiando letrinas. Su inteligencia, fuera de lo habitual, y el azar la salvarán de un destino aciago en pleno auge del apartheid. Su historia se complica con la aparición de otros personajes muy peculiares: un falso ingeniero en física nuclear, un agente del Mossad, tres chinas falsificadoras de gansos de la dinastía Han, y los gemelos Holger y Holger. Una disparatada historia rebosante de imaginación y mucho sentido del humor. Muy recomendable para pasar un rato muy, muy divertido.

Mi hijo quiere ser youtube

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Hace unos días mi retoño de ocho años me confesó con sorprendente y aplastante decisión que en el futuro sería youtuber. Me emocionó la extraordinaria firmeza con la que perfilaba su porvenir y me hizo recordar lo ridícula que resultó mi infancia en este punto. Yo, en aquella etapa tan inocente de la vida, imaginaba mi futuro entre la vida monacal o la artística, entre el mundo de la contemplación o el de la exhibición. Así de simple, o cura o pintor. Pero mi hijo, no. Mi hijo quiere dedicarse a la comunicación y eso me enorgullece.

Tal confesión me animó a investigar sobre los youtubers, haciéndolos sofisticados miembros de los mass media, y, por ende, educados, instruidos, informados… Profesionales, en definitiva. Haciendo acopio de mis dotes auditivas, puse atención a los youtubers venerados por mi hijo. Lo primero que me sorprendió fueron sus nombres. En aquel instante mis conocimientos dejaron de serme útiles e hice el más auténtico ridículo tratando de convencer a mi vástago de que “rubius” era el nominativo singular latino y “vegetta” era la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo vegetar. A partir de ese momento, dejé de estar en su honda y me temo que ese episodio se convertirá en breve en el comienzo de una relación de incomunicación total paterno-filial.

Sin embargo, mis pesquisas no concluyeron ahí. Conseguí aislarme en el cuarto trastero con el portátil de mi mujer. La conexión wifi no es muy buena en ese rincón pero necesitaba concentrarme en la tarea y no deseaba que nadie entorpeciera el tan ansiado momento de orgullo de padre.

He de reconocer que lo que vi me impactó. Cómo cambian los tiempos. El análisis de lo que presencié fue obligado, fruto de mi tendencia a analizarlo todo, y quedaría resumido de la siguiente manera: escenarios sencillos, casi de andar por casa, comunicadores jóvenes, aspecto descuidado, escasos medios técnicos y un lenguaje vivo y callejero. Al principio reconozco que me produjo cierto rechazo pero luego le pillé el gustillo.

Dos horas fueron suficientes para darme cuenta de que estaba siendo testigo del nacimiento de una nueva era de la comunicación, directa, salvaje, primitiva. Si los romanos no perdieron la compostura con las lenguas romances no iba a ser yo quien pusiera el grito en el cielo por este nuevo idioma que, parecía claro, gozaba de un gran número de seguidores.

Aprecié también que el lenguaje de aquellos ídolos de los jóvenes pronto hizo huella en mi celoso modo de construir oraciones. De repente me vi sorprendido imitando una sintaxis interrumpida aquí y allá por un vocablo malsonante, un insulto gratuito o un término de la anatomía que cobraba cuerpo y forma entre artículos, adjetivos y otras muestras de nuestra morfología. Ahora que, para sorpresa la de mi mujer, que me creyó poseído por una fuerza demoníaca desconocida en mí hasta el momento. No debió de molestarle mucho porque me guiñó un ojo de forma seductora, seguramente pensando que por fin había leído ese libro en cuya lectura tantas veces me había insistido. Algo de sombras rezaba el título. El señor de las sombras o La sombra gris, o algo así.

Cómo ha cambiado el mundo de la comunicación, me pregunto ahora frente al televisor mientras contemplo ensimismado, mando a distancia en ristre, cómo el mundo de la política así como el del entretenimiento ya se han afiliado a los nuevos tiempos dando rienda suelta en sus discursos, entrevistas y demás a un primitivismo que quizás no sea tan original y moderno como algunos piensan. Tal vez nuestros youtubers son una muestra clara de que todo cambia mientras todo sigue igual.

Los viajes de Ariadna

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Ariadna

José Antonio Jiménez Barbero. Ariadna ha sido una niña feliz. Solo dos acontecimientos enturbiaron su infancia: la muerte de su padre y la visión durante un sueño de esa dura pérdida. Por lo demás, es una joven normal, con sueños que cumplir. Hasta que se casa con Armando. Desde ese instante, su vida pasará a ser un infierno en manos de un hombre al que creía amar pero que pronto se muestra como un auténtico desconocido. Huir de la pesadilla se convertirá en su único objetivo.

Ariadna es una mujer fuerte que hace frente a las duras circunstancias que vive y, además, no duda en buscar una salida a su situación porque de ello depende también su hija Lucía. Es una historia bien construida, con personajes y diálogos coherentes, ágil y con una pizca de magia que es justo la que posee Ariadna para vencer determinadas situaciones. Ojalá la realidad tuviera un poco más de esta magia.

La mercería, una pequeña tienda de aspecto arcaico y encantador, la atrajo de inmediato. A pesar de que se encontraba a menos de cien metros de su casa le había pasado desapercibida hasta entonces, pero ese día sus pasos la condujeron hacia allí, como guiados por alguna fuerza irresistible. Por un momento, contempló con gesto divertido el sencillo letrero que descollaba de manera grotesca en la fachada: La Hilandera.

[…]

Y mientras el maduro y servicial dependiente salía del mostrador y caminaba hacia ella con gesto animado, se echó a temblar. La sensación de deja vu, de experiencia vivida, la cubrió igual que un nubarrón gris de invierno y, durante unos segundos, su alegría desapareció de un plumazo. En ese momento, tuvo la seguridad de que aquel era el lugar  de sus pesadillas. Ahí estaban los maniquíes, los altos y recargados estantes, , el olor a lana vieja…, y también el recuerdo del dolor y del miedo, indescriptibles…

Confesiones de un psicópata adolescente

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confesiones

José Antonio Jiménez Barbero. Ángel Salazar es un adolescente muy poco habitual. Su carácter violento, cruel y egocéntrico lo convierten ya en la infancia en un ser abominable que hará cuanto esté en su mano para imponer su voluntad. Una serie de episodios desafortunados lo llevarán hasta un centro de menores donde encontrará individuos de la misma calaña que él. Allí tendrá que ingeniárselas para resolver una serie de tragedias nada fortuitas.

He de reconocer que Ángel Salazar es un personaje que cala en el lector, principalmente porque llega a desarrollar una animadversión hacia él completamente justificada por las circunstancias, una falta de empatía casi similar a la que puede experimentar un auténtico psicópata con la diferencia de que el trastorno del lector acaba cuando acaba la novela. Curiosa forma de meterse en la piel de un joven con el alma desahuciada.

Animales

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“Profe, necesitamos tu ayuda para iniciar una campaña en las redes sociales y conseguir que eliminen algunos términos despectivos del diccionario”. Con esta sencilla oración me sorprendían hace unas semanas mis alumnos y ya en el momento de ser pronunciada percibí los peligros, trampas y sorpresas que encerraba. La sorpresa se hizo patente allí mismo, en el aula, frente al grupo de chavales que me miraba fijamente, y no por la petición de ayuda, esa fue la trampa, sino por el uso tan correcto que habían hecho del término despectivo (Qué poca confianza muestro en ellos a veces). Superada la primera impresión de lo que se me avecinaba, les invité a que me explicaran en qué consistía exactamente su plan ya que hacía pocos días se había levantado un gran revuelo porque una usuaria de Twitter había exigido la supresión del diccionario de la acepción “fácil” para referirse a “una mujer que se presta sin problemas a relaciones sexuales”. Temiéndome que su propuesta fuera en la misma dirección traté de explicarles que la Real Academia Española se limita a recoger los usos de la calle y que ellos no son responsables ni jueces de lo que la gente quiera insinuar con las palabras y que, además, había demasiada sensibilidad con el tema de la discriminación de género… Habían dejado de escucharme en “Real”, y es que cuando mis alumnos se proponen algo no hay quien los pare.

La sorpresa fue aún mayor cuando me dieron a leer una lista de 256 acepciones que, en su opinión, debían desaparecer ipso facto del diccionario porque atentaban contra la dignidad animal. Gusano, borrego, zorra, alimaña, puerco, víbora, pájaro, papagayo, perro, zángano, loba… Cuánta reflexión encerrada en aquellas casi 300 palabras; cuánto corazón ecológico. La emoción no tardó en hacerse manifiesta y los animé a hacer las cosas con profesionalidad. Lo primero era organizar subgrupos (36 en clase son muchos para lanzarse al trabajo anárquico): uno de ellos se encargaría de buscar las acepciones de cada uno de los términos para demostrar que, efectivamente, había intención manifiesta de ultrajar al animal en cuestión; otro se encargaría de elaborar el escrito formal para solicitar la eliminación de las acepciones; otro se pondría a trabajar con las redes sociales para asegurarse de que la propuesta llegara lejos; otro escribiría a la RAE para hacerle llegar nuestro objetivo. Quedaban cinco alumnos sin misión específica así que se les encomendó la tarea de garantizar el avituallamiento al grupo porque la empresa nos llevaría varias clases y tiempo extra por las tardes.

Los grandes cambios exigen grandes sacrificios, pero solo hicieron falta 24 horas para que el entusiasmo inicial de mis alumnos huyera de sus vidas. ¡Ay, juventud, qué voluble! Me bastaron cinco minutos de la segunda clase para comprobar los estragos que había causado tanta responsabilidad: el grupo encargado del diccionario fallaba en la estrategia de búsqueda por orden alfabético; el de la carta formal acusaba al de las redes sociales de chatear con conocidos en vez de trabajar; y el de la RAE se había topado en Twitter con Arturo Pérez Reverte que había amenazado con denunciar al profesor, o sea, a mí, pobre víctima, por contribuir al envilecimiento de la especie humana. Fue ahí cuando decidí sumarme al abandono casi general del aula, y digo casi porque mientras lamentábamos haber puesto el objetivo tan alto, el grupo encargado del abastecimiento de víveres entró en clase con bolsas repletas de refrescos y papas fritas. Al menos alguien hizo realmente bien su trabajo.